Hoy como
ayer.
Ha pasado un año.
Algunos, muchos, se darán cuenta de este hecho
cuando vean este homenaje. Otros, la mayoría,
ni siquiera repararán en ello. Es así.
No hay más.A cada paso un sentimiento.Ahora ira. Y la ira
se convierte en frustración y la frustración
en tristeza.Hoy siento la felicidad
de ayer.¿Y mañana?
¿Tal vez desolación? Esperaré,
buscaré en mi memoria tu sonrisa. Me ayudarás,
me sostendrás. Pero no dejo de pensar
en el después. Volveré a odiar. No me
gusta decirlo, pero es así. No hay más.
Quiero oir la palabra perdón de sus bocas. No
quiero sus gracias, tampoco sus dádivas, no me
sirven de nada si en ellos no veo arrepentimiento. Y
no lo veo.Ahora furia. Y la furia
se convierte en dolor y el dolor en melancolía.Hoy siento la felicidad
de ayer.¿Y mañana?
¿Quizás desesperación? Lloraré,
perseguiré en mi corazón tus manos. Me
abrazarás, me levantarás.Y dejaré de pensar
en el amanecer. Me dormiré al cobijo de tu recuerdo
y me acunaré en el regazo de tu presencia. Ficticia,
ya lo sé, pero es el abrigo de tu existencia,
el que sólo nosotros sentimos. Cálido
y prolongado. Carente de todo, ausente de nada. Y libre.
Y silencioso, porque es sordo a los gritos. Sólo
escucha el eco de las voces conocidas y es feliz en
su autosubsistencia.
Hoy como ayer.