Maleza
Hoy no he abierto mi puerta, ni siquiera para ver tus ojos. Te oía preguntando por mí, pero olvidé los buenos modales. También la buena educación.Cerré mis dudas y me senté en la fría arena de la vieja gruta donde viven mis recuerdos. Volví la vista atrás y esperé a que el destino me transportara al mismo lugar que por frecuentar, llegué a aborrecer. Y puede ser que por la avidez, o por la necesidad, pero ocurrió que el viento no me empujó. Ni un metro. Ni siquiera un paso.
Será porque no hay vuelta atrás. Será porque he recorrido tantas veces ese camino que ya no quedan senderos por donde pasar. O será porque he dejado crecer la maleza donde antes tenía cultivos. Lo cierto es que ya tengo otra vez la puerta ahí delante. Abro. Ahora ya no están sólo tus ojos. También los de ella. Y los de la otra. Oigo sus voces, tus gestos, pero no los escucho, tampoco los veo. No quiero volver. Y por mucho que quiera, cambiar ya no puedo. Ahora es así y aquí me quedo.