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No
mires al cielo
está nublado y amenaza
tormenta. Las nubes, pintadas de
gris y negro, recortan sus contornos mandando
mensajes cifrados. Son viejos geroglíficos que tratan
de socorrer con urgencia la ignorancia obligada
de los que miramos hacia arriba. Nos tienen
en sus manos, dándonos pequeños
márgenes de movimiento
según la ruleta del
ahorcado.
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