Y suspiro.
Huecos.
Silencio. Miradas furtivas buscando una esquirla de
luz donde esconderse. Un paso más y la quietud
se deshace. Es la lujuria.Las palabras salen solas.
Deseos confesados desde el viejo atril accidentalmente
engalanado a los pies de mi memoria. Y en la mirada
un reflejo de complicidad.
Hoy te busco. Inquieto,
quizás nervioso. Llego y no te encuentro. Estás
delante. Se me escapa el aire y sigo sin orientar mi
huída. Afortunadamente la voz ha vuelto a rescatarme,
son los labios perseguidos los que me ofrecen navegar.
Alzo mis velas y me alejo de su estrella, su estrella
varada. Y suspiro.